¿Cuántas decisiones has tomado solo para que nadie se enfadara contigo?
¿Cuántas veces has dicho «sí» cuando en realidad querías decir «ni de broma»?
¿Y cuántas noches has repasado una conversación una y otra vez porque alguien puso cara rara cuando hablaste?
Si has respondido «demasiadas», lo más probable es que hayas aprendido a medir tu valor por la opinión de los demás.
Y ahí está el problema.
Porque vivir pendiente de la aprobación ajena es como intentar llenar un cubo con un agujero: por mucho reconocimiento que recibas, nunca parece suficiente.
La autoestima no es sentirse increíble todo el tiempo
Existe la idea de que tener autoestima es levantarse cada mañana pensando que eres invencible.
La realidad es mucho menos espectacular.
Una autoestima sana consiste en saber que tu valor no desaparece porque te equivoques, alguien te critique o no le caigas bien a todo el mundo.
¿Por qué buscamos tanto la aprobación?
Desde pequeños aprendemos que recibir cariño y reconocimiento nos hace sentir seguros. El problema aparece cuando creemos que solo valemos si los demás nos aceptan.
Esto suele ocurrir si has crecido entre críticas, comparaciones, perfeccionismo o sintiendo que debías complacer a los demás para ser querido.
Señales de que dependes demasiado de la opinión ajena
Puede que te ocurra si:
- Te cuesta decir «no».
- Necesitas validar constantemente tus decisiones.
- Una crítica pesa más que diez elogios.
- Cambias para agradar a los demás.
- Te comparas continuamente.
- Sientes que nunca haces suficiente.
Cómo fortalecer tu autoestima
1. Vigila cómo te hablas
Hay personas que jamás insultarían a un amigo.
Pero consigo mismas tienen la delicadeza de un comentarista de redes sociales.
Cuando te equivoques, pregúntate: ¿Le diría esto a alguien que quiero?
Si la respuesta es no, quizá tampoco deberías decírtelo a ti.
Ser amable contigo no significa dejar de responsabilizarte.
Significa dejar de machacarte.
2. Deja de confundir lo que haces con lo que eres
Suspendes un examen.
No eres un fracaso.
Una relación termina.
No eres imposible de querer.
Cometes un error en el trabajo.
No eres un inútil.
Tu valor no sube ni baja como la bolsa cada vez que algo sale mal.
3. Acepta una verdad incómoda: no le vas a gustar a todo el mundo
Puedes ser educado.
Empático.
Generoso.
Responsable.
Y aun así habrá alguien al que le caigas mal.
No porque hayas hecho algo terrible.
Simplemente porque las personas somos diferentes.
Intentar gustarle a todo el mundo es como intentar controlar el tiempo.
Mucho esfuerzo.
Cero resultados.
4. Deja de compararte con los mejores momentos de los demás
Especialmente si pasas media vida en redes sociales.
Comparar tu lunes caótico con el domingo perfecto que alguien ha publicado en Instagram es un deporte con muy malas estadísticas.
La mayoría enseña sus logros.
Muy pocos enseñan sus ataques de inseguridad, sus discusiones o los días en los que también sienten que no llegan a todo.
No compares tu vida completa con el escaparate de otra persona.
5. Pregúntate más veces qué quieres tú
Parece una pregunta sencilla, pero no lo es.
Muchas personas llevan tanto tiempo intentando agradar que han dejado de preguntarse qué necesitan realmente.
Hazte estas tres preguntas de vez en cuando:
– ¿Qué quiero yo?
– ¿Qué necesito ahora mismo?
– ¿Estoy haciendo esto porque lo elijo… o porque temo decepcionar a alguien?
6. Aprende a poner límites sin sentir que eres el villano
Decir «no» puede generar culpa.
Es normal.
Sobre todo si llevas años creyendo que tu misión en la vida consiste en solucionar los problemas de todo el mundo.
Pero poner límites no te convierte en egoísta.
Te convierte en alguien que también se tiene en cuenta.
“Porque la autoestima sana no nace cuando todo el mundo te aplaude. Nace el día en que dejas de necesitar ese aplauso para recordar que ya eras suficiente.”
¿Cuándo merece la pena pedir ayuda?
Si sientes que la necesidad constante de aprobación afecta a tus relaciones, a tu trabajo o a tu bienestar, la terapia puede ayudarte a entender de dónde viene ese patrón y aprender nuevas formas de relacionarte contigo mismo.